📍 Maracaibo, Venezuela

Mi historia

Una decisión de amor, fe y responsabilidad. Desde el 9 de abril de 2026 estoy en Maracaibo cuidando a mi madre y a mis dos tías, tres hermanas mayores que necesitan atención diaria.

Elvira Villasmil con su madre y sus tías en Maracaibo
No es solo mi historia. Es la historia de tres mujeres que han dado su vida por los demás y que hoy necesitan cuidado, dignidad y apoyo.

El compromiso con mi sangre

Mi nombre es Elvira Villasmil. Hace poco tiempo, mi vida dio un giro radical. El llamado del corazón y la urgencia familiar me trajeron de vuelta a mi ciudad natal, Maracaibo, en Venezuela.

Hoy me acerco a ustedes con el corazón abierto y una responsabilidad que me sobrepasa, pero que asumo con todo el amor del mundo. Actualmente, estoy a cargo del cuidado total de las tres mujeres más importantes de mi vida: mi madre (76 años) y mis dos tías (74 y 63 años).

Lo que encontré al llegar es lo que hoy llamo, con una mezcla de agotamiento y ternura, mi «mini manicomio» de amor. No es un título ligero, es la descripción de una realidad donde la demencia senil, la discapacidad intelectual y la precariedad conviven bajo un mismo techo, y donde yo soy el único muro que evita el colapso total de estas tres vidas.

Las tres protagonistas de este rescate

En la casa de mis tías, ellas enfrentan el invierno de sus vidas:

👧

Mi Tía (63 años) – La niña eterna

Padece de discapacidad intelectual (retraso mental) y es el reto emocional más grande de nuestro día a día. Su comportamiento es el de una niña pequeña atrapada en un cuerpo que envejece. Hace pataletas con llanto inconsolable y demanda atención constante. Sus piernas se han debilitado al punto de caminar con lentitud sosteniéndose de las paredes de la casa. Padece de incontinencia, lo que requiere una supervisión higiénica constante y el uso de pañales para dormir.

⚖️

Mi Tía (74 años) – La brillante abogada

Mujer de leyes, culta e independiente durante toda su vida. La demencia ha nublado su autonomía. Intentaba cuidar a su hermana menor (mi tía de 63 años), fue el sostén de su hogar, pero la pérdida de la memoria a corto plazo las condenó a la mala alimentación. Perdió su capacidad para administrar el dinero o los recursos que recibía, también la capacidad para cocinar de forma segura. A menudo me mira y me trata como a una extraña.

👩‍🦳

Mi Madre (76 años) – Mi compañera de regreso

Ella viajó conmigo. Mi mamá vive en un «delirio de traslado» constante; muchas veces su mente habita en un tiempo y lugar que ya no existen. Su situación es especialmente delicada porque sufre de convulsiones, episodios que nos mantienen en alerta permanente porque suceden incluso mientras duerme. Tenemos pendiente realizarle un electroencefalograma y una resonancia magnética que el neurólogo ordenó con urgencia el pasado 30 de abril, pero que aún no hemos podido costear.

Cuidarlas implica estar presente las 24 horas del día. No puedo dejarlas solas porque pueden acabarse los alimentos en un instante, cocinar y dejar las llaves del gas abiertas, o fugarse de la casa. Cada vez es más difícil esconder algo para que no se lo coman o lo cambien de lugar y ya no sepamos dónde está. He tenido que pausar mi vida laboral para convertirme en cocinera y cuidadora a tiempo completo.

¿Cómo llegamos a esta situación? Durante años, mi familia mantuvo un equilibrio frágil donde se apoyaban entre sí. Sin embargo, el avance de la demencia senil en la tía abogada rompió ese círculo porque comenzó a desconocer a su propia hermana (la de retraso mental) y a perder la capacidad de cuidarla. Ante esta crisis, decidí regresar para hacerme cargo de ellas. Lo que antes era un equipo de apoyo, hoy depende enteramente de mis manos.

Aunque contamos con sus pequeñas pensiones, la carga es inmensa y el resto de la familia nos ha dado la espalda mientras vivimos en un océano de necesidades. No logro cubrir ni una fracción de los gastos básicos de alimentación e higiene en un país con una economía tan costosa como la nuestra.

En medio de todo, mi único respiro es la Iglesia San Tarcisio. Cada tarde, busco ese momento de silencio y oración para entregarle mi situación y la convivencia de esta familia a Dios.

Gracias por leer nuestra historia y por cualquier apoyo que puedan brindarnos en este momento tan difícil.

Cómo comenzó todo

Esta historia tiene dos fechas clave: el día en que llegué a Maracaibo y el día en que entendí que no podía seguir cargando sola.

✈️

9 de abril de 2026 — Llegada a Maracaibo

Regresé a mi ciudad natal por el llamado del corazón y la urgencia familiar. Desde ese día, mi vida cambió por completo.

Inicio del cuidado diario

Asumí la alimentación, la higiene, las compras, las diligencias, la convivencia, la seguridad de la casa y la supervisión constante.

Más de 60 días sin relevo

He estado cuidando sin descanso real. Mi vida laboral quedó en pausa y el cuidado se convirtió en mi responsabilidad diaria.

📣

13 de mayo — Mi grito de auxilio

Ese día compartí públicamente la situación al comprender que no podía sostener sola una responsabilidad tan grande y tan costosa.

🕊

Una red de ayuda comenzó a aparecer

No han llegado millones. Han llegado granitos de arena que se han convertido en comida, higiene, reparaciones, citas, alivio y esperanza.

Esta no es una emergencia de un día

Es una situación de cuidado continuo. La ayuda se necesita para sostener alimentación, higiene, atención médica, reparaciones, transporte y relevo de cuidadora.

Ver formas de ayudar

Las tres protagonistas de este cuidado

👩‍🦳
Mi madre, 76 años Mi compañera de regreso

Su situación es delicada por episodios de convulsiones. Tiene pendiente un electroencefalograma y una resonancia magnética ordenados por el neurólogo.

⚖️
Mi tía mayor, 74 años La abogada ante el velo de la memoria

Fue una mujer independiente y culta. Hoy la pérdida de memoria y autonomía hacen necesario acompañarla y evaluarla médicamente.

Mi tía menor, 63 años La niña eterna de la casa materna

Padece discapacidad intelectual y requiere supervisión, apoyo higiénico y cuidado diario. También tiene dificultad para caminar con seguridad.

Lo que implica cuidar cada día

No puedo dejarlas solas. La vida diaria exige estar pendiente de muchas cosas al mismo tiempo.

  • Preparar alimentos y vigilar que coman bien.
  • Organizar compras, higiene, ropa, limpieza y rutina.
  • Acompañar cambios de ánimo, manías, confusión y resistencia al cuidado.
  • Prevenir riesgos en la cocina, la calle y la casa.
  • Gestionar citas médicas, traslados y documentos.
  • Sostener emocional y espiritualmente una situación que no tiene fecha rápida de término.
“No soy santa. Estoy siendo sostenida.”

Una casa en emergencia

Además del cuidado personal y médico, la casa requiere atención urgente. No se trata de lujo, sino de seguridad, higiene y dignidad.

  • Techo y filtraciones: las lluvias han provocado riesgos importantes en la estructura.
  • Riesgo eléctrico: hay zonas donde el agua y los cables representan un peligro.
  • Patio y frente enmontados: la maleza atrae plagas, zancudos y focos de infección.
  • Reparaciones básicas: poceta, cerraduras, nevera, camas, ventilación y equipos del hogar.
  • Higiene diaria: pañales, jabón, papel higiénico, bolsas de basura y productos de limpieza.

Mi respiro diario

En medio de todo, mi único respiro es la oración. Cada tarde busco un momento de silencio en la Iglesia San Tarcisio, ante el Santísimo, el Rosario y la Misa.

Aun allí, muchas veces mi mente sigue en casa pensando qué estará pasando, porque cuando una sola persona cuida, el cuerpo sale pero la preocupación se queda.

“Señor, no permitas que esta cruz me destruya. Dame sabiduría, fortaleza y ayuda concreta.”

Lo que nos sostiene

El amorEl amor por mi familia me da fuerza cada día.
La feMi fe en Dios me sostiene en los momentos difíciles.
🤲La comunidadCada granito de arena sostiene esta casa.
🕊La esperanzaCreo que esta historia puede transformarse con ayuda.

Gracias por leer nuestra historia

Tu ayuda puede cambiar nuestra realidad. Cada aporte, cada oración y cada mensaje de apoyo nos da fuerza para seguir adelante. Con tu ayuda, mi madre y mis tías pueden vivir con dignidad, seguridad y cuidado.

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